El fénix de hielo y profundidad resurge de entre sus escombrosas cenizas, realza su vuelo y deja zurcos en el cielo, volcando lo imposible sobre papel; cansado de que le llueva oscuridad y quejas rompe todos los moldes y brilla sobre cualquier nebulosa, apuñalando a la bestia en sus fauces y desmoronando sus entrañas, comiéndole e internándose en ella más y más hasta poder devorarla desde adentro y retomar su posición.
Caiga lo que caiga, pase lo que pase, su centelleo seguirá activo y no habrá lobreguez que le opaque. Cada vez que muera volverá mucho más fuerte, clavando sus garras profundo en el espinazo de sus agresores y blasfemos; ha vuelto, con lengua de aguja, ojo de águila, pluma de hierro y corazón de campeón.
Su melancolía yace exánime adosada a su vieja piel manchada con la cizaña del espumarajo de incultos que alguna vez fueron, mientras su vieja sangre ornamenta la cara de los mismos.
Sus prejuicios están enterrados bajo los pies de los mortales y pisoteados a diario en virtud de la justicia.
Su vuelo trae terror a los débiles de mente, y purga las almas de los ignorantes, abriendo sus ojos a la plomiza realidad.
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